top of page

El sonido de la colonia: Un lenguaje de silbidos

hace 22 horas
4 min de lectura

Nací en un hogar con un paisaje sonoro interesante: desde muy pequeña mi casa tenía una mezcla extravagante de música, radio y novelas colombianas y mexicanas en la televisión; voces hablando a todo volumen y, por supuesto, los silbidos de mi papá. No sé si es la nostalgia de ser migrante pero, mientras empezaba la investigación de los silbidos en la colonia Adolfo López Mateos de Puebla, mi mente volvía una y otra vez a casa. 


Mi papá, el silbador más destacado que conozco, tiene un oído musical y una habilidad para producir sonidos con su boca. Él toma aire, aprieta los labios, pega la lengua a sus dientes superiores, mueve la boca hacia un lado y del otro deja ver una parte de su sonrisa mientras emite el famoso silbido. Este sonido casi siempre va acompañado de un bailecito, una risa, o la repetición que no termina hasta que digo: ¿Señor?


Este sonido al que me refiero es único; si lo tuviera que explicar a otras personas diría que es el intento de cantar mi nombre (Mayra Alejandra) y así mismo el de mis hermanos y el de mi mamá.  




Es por esto que este capítulo se siente tan personal para mí: es cómo si de repente tuviera acceso a la intimidad de un grupo de personas que me darían las llaves de un código, de un nuevo lenguaje sonoro que para mí hasta ahora estaba oculto.

 

Descubriendo un nuevo lenguaje (para mí)

Conocí a Miguel Ángel Villegas, autodenominado “El descubridor”, en un video de Youtube. Miguel es un profesional fascinante del desarrollo humano; sanador, profesor y políglota que ha vivido toda su vida en la colonia Adolfo López Mateos, cerca a la Zona de Los Fuertes, en Puebla. 


Así como mi familia, Miguel también tiene silbidos específicos para comunicarse con los suyos y para explicarnos el lenguaje de la colonia usó referencias que se sitúan, en su mayoría, en los años 70, donde el que silbaba más duro se convertía en una suerte de “estructurador de la vida social de la colonia”. Silbar era obligatorio y tan serio era el tema que, quienes no podían silbar, tenían que gritar el sonido silbado para ser parte de ‘la banda’ o como diríamos en Colombia: ‘el parche’.




Pero el silbido no es propio de la modernidad: sus orígenes en México van hasta los tiempos mesoamericanos en dónde el sonido de las aves daba pie para alimentar el lenguaje. Según la Revista de Arqueología Mexicana, por ejemplo: para intimidar a sus enemigos, mimetizarse en la naturaleza o para uso ritual, los Mexicas crearon silbatos muy sofisticados que imitaban a la perfección un grito humano, ahora lo conocemos como el silbato de la muerte. También crearon los silbatos zoomorfos que reproducen el sonido de jaguares, tejones, aves o cánidos y los silbatos bucales, usados especialmente en la región mixteca para llamar aves o enviar señales a la distancia.


Miguel, siguiendo el camino de sus ancestros, también ha encontrado algunos materiales que le han permitido reproducir diferentes sonidos que lo acompañan a exhibiciones de encantos chamánicos y ferias; un popote suena como una gaita; el ocote perforado puede imitar el sonido de un elefante; y unas totumas con maíz hacen de maracas para crear todo un ambiente sonoro para los espectadores. 

 

La más grande evidencia sobre el uso del silbido en los pueblos mesoamericanos está en una lengua que tiene una variante silbada en la Sierra Mazateca de Oaxaca: el  mazateco chiflado. Este lenguaje sonoro se usa para disminuir las distancias físicas entre miembros de la comunidad: 


“Es un sistema de comunicación tonal en el que los hablantes de la lengua sustituyen las palabras habladas por corrientes de aire silbadas que imitan las notas, duraciones e inflexiones del idioma original”. SECULTA GobOax 

 


Ser parte de la Colonia

De regreso a la casa de Miguel seguimos conversando sobre los usos del silbido; el más usual se usa para convocar; seguido de los que se usan para expresar una emoción; para decirle a una mujer que está muy guapa o para presumir que ya andan juntos con los ‘cuates’; también están los silbidos que imitan groserías o insultos; y los que simplemente reproducen una melodía pegajosa de una canción, indicando que están a gusto con lo que están haciendo. 


Los silbidos mexicanos también han viajado por el mundo como el caso del famoso pitazo para ‘cantar la zona’: es decir, para advertir a los migrantes sobre la presencia del ICE, un silbido muy similar al del mercado cuando quieren decir: “¡Aguas! Voy con el diablito” o, por qué no, mentar la madre.



Ya se acerca el momento de despedirnos y le hago una última pregunta al descubridor: ¿Qué perdemos cuando dejamos de silbar?

“Perdemos una gran habilidad para comunicarnos que estamos sustituyendo con el celular” Y agrega que perdemos la música natural que nos habita. 

Sin más, le agradezco que me ayudara a entender sonidos como estos, que nos invitan a ser parte y salir al encuentro de nuestros vecinos en la colonia Adolfo López Mateos.


Dicionario de silbidos

A partir de esta historia, creamos un diccionario de silbidos. Ayúdanos a ir mejorando nuestra collección y anímate a dejar tu silbido en el siguiente formulario:


Expande el relato de Miguel en Tiktok


Comentarios


bottom of page